Ideas lógicas y sensatas: Salario mínimo global asignable a un mismo trabajo y huella de CO2 equivalente

Aquí está Guille con “ideas de perogrullo”. Cosas obvias que a veces no resultan tan obvias, visto lo visto. El resultado de algunas de las cosas que voy a publicar aquí no tiene nada que ver con política o ideario revolucionario, sino con observaciones y reflexiones de la realidad del mundo globalizado, que por no estar bien gestionadas acaban destrozando a seres humanos. Seguro que hay mil autores que ya han dedicado tiempo a hablar de esto, y probablemente lo hayan hecho de mejor manera, con mejor enfoque, pero me apetecía soltar palabras al aire, por si alguien quiere escucharlas, ya sabes.

Hoy quiero reflexionar sobre la deslocalización y el intento de repatriación de la producción de bienes en los países desarrollados.

El ser humano, parece ser, es hipócrita por naturaleza. Ve lo que quiere ver, y se tapa los ojos para obviar realidades dolorosas de las que no quiere saber nada.

Por un lado, estamos constantemente quejándonos de los cierres de fábricas en nuestro país, de los despidos por relocalizaciones a países del tercer mundo, pero cuando vamos a comprar zapatillas, ropa o teléfonos móviles, no nos preocupamos de valorar dónde está producido dicho objeto.

Pero todavía voy más allá, a un aspecto moralmente peor. Aquellos que defienden “lo producido en su propio país” porque “así damos trabajo a nuestros paisanos”, deberían pensar que más allá de ese razonamiento está el hecho de que también son seres humanos los que fabrican en otros países, y que deberían tener los mismos derechos que nosotros. A fin de cuentas son eso, seres humanos, como tú o como yo, y que cuando nacen, no eligen en qué país nacer…

Vayamos al meollo del asunto. ¿Por qué se han deslocalizado fábricas de todo tipo de productos de España antes de la crisis? Pues porque nuestra mano de obra dejó de ser barata con relación a otros países. Nuestro tejido industrial se creó en parte por culpa del principio de autarquía de Franco (vaya tela), pero cuando Franco se acabó, todavía tuvimos capacidad de seguir fabricando, porque eramos un país pobre respecto a otros más ricos, que veían que podían sacar partido de nuestra mano de obra barata.

Cuando la mano de obra española dejó de ser barata, las fábricas miraron a otro país donde explotar a los empleados. Y es que el valor añadido no está en fabricar, no está en la mano de obra, sino en inventar, en crear el producto que se va a fabricar. Pero vamos, que esa es harina de otro costal.

Estados Unidos también ha vivido una situación similar, aunque ahora esté trabajando para re-industrializarse (y aunque el acuerdo de la NAFTA siga haciendo que se monten muchas fábricas de coches, por ejemplo, en Mexico en lugar de en Estados Unidos).

El motivo siempre es el mismo: La mano de obra de los países en vías de desarrollo siempre es más económica que la local. Pero ¿a costa de qué?

Cuando uno compra un producto importado de esos países, no lo compra “de comercio justo” (como rezan algunos alimentos), sino que lo adquiere de países cuyas regulaciones laborales son tales que adolescentes y niños trabajan jornadas de 10 o 12 horas diarias en condiciones inhumanas por un salario ridículo.

Ahí es donde se ahorra dinero en mano de obra. Los puestos de trabajo son precarios, peligrosos y faltan al respeto de los seres humanos. Peor aún, las marcas que producen en estos mercados tienden a tener rendimientos en sus facturaciones muy elevados, de los que se desprende que podrían mejorar las condiciones laborales de sus empleados en esos países sin perder la rentabilidad, pero no lo hacen porque la sociedad de esos países no tiene fuerza de palanca para demandar dichos cambios en el trato a los trabajadores.

Mientras, nosotros, los ciudadanos “del primer mundo”, nos dedicamos a comprar zapatillas Nike, ropa de Primark o productos de Apple, fabricados bajo esas condiciones abusivas, y miramos a otro lado.

De hecho, si las condiciones laborales de cualquiera de las factorías de esos países fueran importadas a Europa, no tardaríamos en ver quejas y lamentos, saltaríamos automáticamente a criticarlas. Bueno, de hecho, sería imposible importar esas prácticas, porque de hecho son ilegales.

Pero cuando adquirimos productos que hacen uso de esas condiciones en la mano de obra, automáticamente estamos animando al fabricante a mantener su política laboral.

Vamos, que nos importan los derechos laborales, pero sólo de los que tenemos más cerca, de los de nuestro país, de nuestro continente, pero nos viene dando igual lo que suceda en el otro extremo del mundo a nuestros semejantes… Mal vamos (y yo me puedo incluir entre los culpables, sí, que tengo productos de Apple, de Nike y de todas esas firmas que fabrican en Dios sabe dónde).

Pero, ¿qué ocurriría si, de golpe y porrazo, se instaurara un salario mínimo por hora para una tarea equivalente a nivel global? ¿qué ocurriría si, además, las condiciones mínimas laborales (horas máximas de trabajo, edades mínimas, vacaciones, seguridad, etc.) fueran comunes en todos los países del planeta? Pues que todo cambiaría radicalmente.

De golpe y porrazo ya no habría tantas razones para deslocalizar una factoría de un país a otro, de un país desarrollado a uno en vías de desarrollo. De hecho, entraría más en juego otro par de factores de lógica industrial: La logística (fabricar lo más cerca posible de donde vas a vender el producto) y la calidad (fabricar donde la mano de obra sea más capaz de hacer buenos resultados).

No hablo de un salario igual para todos los países productores, sino un “mínimo” de condiciones y de salario. Luego siempre se podría cobrar más si se ofrece algo a cambio (si una factoría hace mejor una tarea que otra, siempre podrá cobrar más por su producto).

Además, los empleados de los países en vías de desarrollo podrían incrementar su poder adquisitivo, y eso, a corto o medio plazo igualaría la riqueza entre países.

Que sí, que no he inventado nada, pero conviene pensar dos veces en esta realidad antes de seguir pensando en financiar con ayudas estatales a las empresas para que mantengan las fábricas en España (hola Renault, hola grupo VAG, hola PSA). Al final, ayudamos con impuestos a tergiversar la realidad económica, cuando la solución más sensata sería la de defender a todos los trabajadores de todo el planeta por igual, lo que automáticamente equilibraría la balanza de la carga productiva por país, y dejaríamos de ver a India, China y otros países de ese estilo como “las fábricas del mundo”.

Y luego, no podemos olvidarlo, está el tema de las huellas medioambientales.

En Europa estamos muy concienciados con las emisiones de CO2 y el cambio climático. Me parece bien. Ponemos trabas a la industria, al transporte y a muchos otros aspectos de la vida en favor de reducir nuestra huella de CO2, nuestra generación de residuos y contaminación. Pero esto, se lamenta la industria, “enacerce la producción”. El resultado es que, en busca de maximizar la rentabilidad, las compañías acaban mudándose lejos de Europa, para fabricar en otros países y exportar desde allí los productos que aquí ya no quieren hacer. ¿Por qué? Pues porque países como China o la India no tienen la misma carga impositiva y los mismos controles de emisiones de CO2 y otro tipo de desperdicios industriales.

Pero, nuevamente, esto resulta hipócrita. El CO2 y la contaminación no conocen fronteras. Podemos alejar su emisión y desaparrame de nuestro continente, que acabarán afectándonos igualmente, ya que la tierra es un ecosistema global donde lo que se ensucia en oriente afecta a occidente.

¿Solución? En lugar de gravar las emisiones de la industria local, lo que habría que establecer es una suerte de peaje de emisiones. Si fabricar un lapicero implica emitir 100 gramos de CO2 y provocar equis gramos de residuos industriales, habrá que penalizar eso, venga el boli de donde venga. Y eso se debería aplicar a todos y cada uno de los productos que nos rodean, valorando su huella ecológica y pagando por ella, lo que a la postre haría que los fabricantes primaran reducir las emisiones y residuos generados durante el proceso productivo de los productos para reducir su coste y hacerlos más competitivos.

Pero esto es más fácil de contar y decir que de aplicar. Tasar y auditar las emisiones de todas las factorías del mundo y derivarlas a los productos y bienes que realizan sería una tarea hercúlea de difícil realización.

Y luego estaría el pícaro que trataría de beneficiar a los suyos buscando el timo en las medidas, para sacar tajada de ello.

Pero hoy no quiero hablar de cómo poner en práctica estos dos ideales. Quiero quedarme con la realidad del fondo del artículo. Nuestro mundo, nuestro planeta, sería un mundo global y mejor, más justo y equilibrado, simplemente con lograr que:

  • Hubiera un salario mínimo para la misma tarea a nivel global
  • Hubiera unas condiciones laborales mínimas y justas a nivel global
  • El impacto medioambiental estuviera gravado por igual, penalizando emisiones y residuos en el producto final

Son tres soluciones sencillas y obvias.

Tal cual se mueve el mundo, más pronto que tarde, acabaremos viviendo en un “mundo realmente global”, donde por fin el ser humano se acabará dando cuenta de que todos somos personas, y todos deberíamos tener “los mismos derechos mínimos”. Estas tres soluciones van en ese sentido, y nos evitarían muchos conflictos, muchas guerras, muchas muertes y mucho sufrimiento, derivados del afán de ganar dinero “por malas artes” que tienen unos a costa de la mano de obra ultra-barata de otros. Claro que aplicar estos principios idealistas iría en contra del beneficio económico de muchas multinacionales expertas en sacar la máxima rentabilidad posible para enriquecer a sus accionsitas. Y dudo que estas personas vayan a dejar que las cosas cambien “en favor de lo justo” a cambio de su posición de riqueza y control.

En fin, los grandes cambios nunca fueron fáciles, pero estos que te cuento aquí harían de la civilización terrrestre una civilización mejor.

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Un poco de luz sobre tráfico en webs y blogs de motor en España

Si hay un dato privado que ningún editor ni director de publicación te dará salvo por razones de negocio puras y duras es cómo le va con el tráfico de su web.

El paso a un modelo de pago de Google Analytics, así como su falta de acierto, el hecho de que no todas las webs compartan sus sistemas de tráfico y datos bajo el mismo proveedor (por ejemplo, ComScore), y otras muchas facetas hacen que sea realmente complicado lograr enterarse de quién tiene más tráfico que quién en el mundo de las webs de coches en España.

No voy aquí yo a descubrir datos estratégicos de las publicaciones para las que trabajo o he trabajado, pero sí que me gustaría quitar un poco ciertas dudas, tomando datos contrastados de proveedores libres. Vamos, datos que vosotros mismos habríais podido conseguir, y que, de hecho, podéis contrastar.

2014 ha sido un año donde la inversión en trabajo duro de una publicación en concreto ha permitido que siga creciendo en lectores, mientras otras adolecen problemas estructurales, algunas relacionadas con el diseño y el formato, otras con temas comerciales, y otras con los problemas propios de una compañía matriz que está recortando por todas las esquinas.

Podemos hacer varias clasificaciones. En webs de motor el gran problema está en eliminar primero aquellas que generan su mayor parte de tráfico debido a los anuncios clasificados. Páginas como Coches.net, que es el monstruo por tráfico de nuestro mercado, son difíciles de valorar a nivel de tráfico directo a sus contenidos, porque no podemos separar en las mediciones cuánta gente genera tráfico en sus anuncios de cuánta gente lee el contenido editorial.

En cualquier caso, ahí va el orden relativo entre webs del motor a diciembre de 2014 en España:

1. Coches.net 105

2. Autoscout24.es 400

3. KM77 531

4. AutoBild 704

5. Motorpasion 712

6. CarAndDriverTheF1.com 745

7. Coches.com 981

8. Diariomotor 1.716

9. Autoblog 1.989

10. Motor.es 2.033

11. Autopista 2.238

12. Pieldetoro.net 6.905

13. Motorgiga 8.399

14. Actualidadmotor 9.744

15. Periodismodelmotor 19.418

16. Cochesafondo 20.650

17. Highmotor 34.475

18. 8000vueltas 38.389

19. Escuderia.com 73.318

Nota: Es un orden relativo y no catalogado. Es decir, esta lista os sirve para comparar unas y otras. Si alguna web no está porque me la he olvidado, no quiere decir que no esté entre alguno de los puestos de la lista, simplemente que me la he olvidado sin intencionalidad. Podéis recordármelo o pedírmelo en comentarios o Twitter y la agregaré en el sitio relativo que le corresponda.

Nota 2: El número que aparece al lado de la publicación es el ránking absoluto respecto al ránking de las webs más visitadas de España. Así, por ejemplo, Autoblog es la web 1.989º más visitada de España.

Nota 3: En negrita están indicadas aquellas publicaciones dedicadas exclusivamente a Internet, donde no se genera tráfico a través de anuncios clasificados que compute para el tráfico, y donde el contenido no se comparte con edición impresa de una revista homónima.

¿Es mejor estar más arriba o más abajo? Bueno, todo es muy relativo. Ser “el más leído” depende no sólo del trabajo propio, también depende del enfoque de la publicación. Por ejemplo, 8000vueltas o Escudería son publicaciones de nicho, enfocadas por y para lectores apasionados por el mundo del motor, por lo que resulta imposible que, en un país como este, donde el motor no es una afición de muchos, sino de unos pocos, puedan escalar entre las webs más consultadas del mercado.

Está claro que para poder sobrevivir en este mercado, estar arriba es fundamental para poder cubrir los gastos generados y crear una publicación rentable que pueda sostenerse en el tiempo con escritores asalariados (te sorprenderías cuánta gente hay trabajando por cifras ridículas, o directamente “de valor cero”.

Otra métrica curiosa que estuvimos observando el otro día fue la de “fama de la marca” en Google, valorada en el volumen de búsquedas sobre la publicación en Google (cuánta gente busca el nombre de la publicación en el buscador). Esta medición da resultados bien distintos. ¿Por qué? Pues porque el tráfico puro y duro está influenciado por la viralización del contenido, por el éxito del mismo en posicionamiento SEO en el buscador y por otros factores. El lector promedio suele buscar directamente una publicación cuando busca esa “revista digital” y no un contenido en la misma.

Los resultados de este análisis, tomando sólo blogs (km77 o coches.net barren en esto) son los siguientes:

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Como con todo, al final y a la postre, los datos son eso, datos. De su análisis y lectura se ha de preocupar cada uno para valorar hasta qué punto le influyen en uno u otro sentido. Porque si también hiciera ese trabajo, estaría haciendo gratis lo que hay empresas que hacen cobrando auténticos pastizales a las marcas de coches (para en muchas ocasiones sacar conclusiones versadas sobre sus intereses comerciales, muchas veces relacionados con cuentas de publicidad y otros negocios).

Pues con toda esta maraña de datos, que dentro de un año espero volver a comparar para ver cómo han cambiado las cosas (si es que no lo hago antes, porque esto depende de mi tiempo libre), me despido, deseando que tengáis una buena noche de fin de año y una buena entrada de 2015.

Editado a ocho de enero de 2015, para eliminar negrita de coches.com tras observación útil en los comentarios.

Wibbi, porque somos idiotas y ya no sabemos entrar a una chica

Los animales llevan (llevamos) decenas, cientos de miles de años orquestando danzas de cortejo de lo más variopintas.

El homo sapiens, lo que somos tú y yo, hemos tenido que ingeniárnoslas para bregar con un cortejo mucho más complicado que el que nuestros antepasados tenían que ofertar.

Cualquiera que haya sido un maestro (o lo haya intentado) del arte “del cortejo” sabe lo que representa… Ese momento en un club en el que intercambias miradas con la persona “objetivo”. Ese subidón de adrenalina que se produce. Se acelera el ritmo cardiaco, trazas un plan mental de cómo entrar a esa persona. Te acercas, titubeas, sueltas algo, cruzas miradas, sonrisas, tal vez un chiste, tonteas, tal vez se alargue la conversación. Tal vez sea tu día de suerte… Tal vez acabes de conocer a la chica de tu vida (o chico… que esto es genérico).

Pero ese arte de “entrar” a personas en un club, en un bar, en un pub, a veces aunque ya las conozcas de pasada porque alguien te las ha presentado, genera una “selección natural forzosa”. Hay una serie de personas incapaces de, en sus plenas facultades (borracheras al margen) son incapaces de acercarse a “su objetivo” y ser “ellos mismos”. El miedo al rechazo, el miedo a que le hagan quedar mal, el miedo a uno mismo, les coarta, les cohíbe, y les elimina como potenciales “cazadores” válidos en esa guerra en la que se convierten las fiestas nocturnas. ¿Quién no conoce a alguien así? (de hecho, quién no conoce a muchos, o incluso, tal vez algunos de vosotros seáis así).

Mi política siempre ha sido la misma: Si solo estás, como mucho, sólo te quedarás… (vale, con tus amigos, pero solo en el “otro sentido”), pero eso no siempre ha convencido a mis amigos de que “atacar” es siempre la mejor opción…

Para esa serie de cortados, el hijo de José María Aznar se ha metido en un negocio que me parece una buena idea, al tiempo que una idea estúpida. Se llama Webbi, y, según leo en el Huffington Post, lo que busca es que hagas “check-in” en un bar, club, pub… como con FourSquare, y a partir de ese momento puedas chatear con cualquier persona que esté en el mismo local… Vamos, para que la verguenza y los miedos se queden a un lado, y puedas entablar el primer contacto de manera digital antes de invitar a una copa en la barra del bar. Una suerte de mezcla entre Meetic, Badoo y el “entrar en vivo y en directo” de toda la vida.

Sin duda, esto ayudará a muchos, pero nos convertirá en un poco más gilipollas de lo que ya somos, todo el día pegados al puñetero teléfono. Se acabaron las miradas cómplices, se acabaron las sonrisas, los cruces “esporádicos”, se acabó la adrenalina y la atracción magnética. Bienvenido, programa estúpido para que entrar sea más fácil para todos.

Reitero, yo soy de los que siempre quieren animar a la integración de todo lo que tenga que ver con tecnología con nuestras vidas, siempre que esa integración sea para la mejora de nuestras vidas. Veo en Wibbi un gran potencial para ayudar a gente que, a veces por cortada, se queda en una esquina del club sin saber muy bien que hacer, o coarta a sus amigos a “no pillar cacho” por no querer afrontar la misma situación… Pero el problema es que, como suele pasar cuando las cosas se generalizan y masifican, todo se igualará a la baja: Con Wibbi, si tiene éxito (apuesto que sí lo tendrá), conocer a la gente en un bar será tan sencillo que perderá ese “halo” especial. Perderá esa discriminación natural entre los valientes y los que no lo son tanto. Entre los que tienen buena labia y los que no. Y cuando se democratiza algo como esto, al final acabaremos viendo, si la aplicación tiene éxito, muchas más interacciones (mucha más gente interconectando en cualquier local), pero de esa misma facilidad de interconexión se perderá parte de “lo especial”.

Porque cuando “es tan fácil todo”, deja de ser especial… Como decía hace no tanto a un amigo: “sitios como tal club, donde es tan fácil ligar, hacen que la gente evite tener relaciones serias, porque se acostumbran a conocer a gente nueva cada fin de semana”. Suma a esto el dichoso Webbi y factoriza una ciudad grande (una Barcelona, por ejemplo), y… en fin, el resto te lo puedes imaginar.

¿Montamos un evento el 22 de Agosto, viernes?

Va al azar, al aire, a tantear un poco el ambiente entre mis seguidores y amigos más cercanos, que compartís geolocalización por el norte de España.

¿Qué os planteo? Pues el 22 de agosto, que es viernes (sí, sé que es una puñetería que sea viernes y no fin de semana, pero… es lo que hay), hacer una jornada de trackday en el Circuito de Navarra por la mañana, comer, y hacer unas curvitas por la tarde, si es que aún quedan ganas.

El trackday es oficial del Circuito de Navarra, y sale por unos 140€ más el seguro. La comida, la organizaré, como la rodada, en función de cuántos estéis interesados en tomar parte.

Así que, ¿os apuntáis? Si es así, comentadlo en los comentarios de aquí, y ponedme un Tweet, y vamos concretando. Ya sabéis mi cuenta de Twitter: @GuilleAlfonsin

 

Mi visión sobre independentismos, nacionalidades y demás historias

Quede claro por delante de todo que mi visión es algo personal, una opinión que ni busco imponer, ni deseo convertir en obligación o tema de discusión. Pero es que llevo tiempo con un pensamiento en mi mente que tengo ganas de compartir con vosotros.

Hay muchas cosas en la vida de una persona que son fruto de sus decisiones. Muchas otras vienen determinadas por las circunstancias, por el entorno que a uno le rodea. Pero hay una decisión que uno no toma, y que le viene impuesta: su lugar de nacimiento.

Cada ser humano nace “donde le toca”. No elige el día o el lugar. Y eso no nos hace distintos, mejores o peores. No por nacer cien, mil o diez mil kilómetros más a la izquierda, a la derecha, arriba o abajo, uno “es mejor que los demás”.

Algunos tenemos suerte, y nacemos en un mundo desarrollado, lleno de oportunidades. Otros muchos seres humanos nacen en países en guerra, en países donde simplemente lograr sobrevivir es, en sí mismo, todo un logro. Eso sí es una diferencia que te genera el lugar de nacimiento. Es esa suerte impuesta en tu vida en el momento de tu nacimiento.

A mi esto me parece de una injusticia increíble, pero que todos tenemos asumida como una realidad “universal” que parece que no tenemos interés en cambiar. Todos somos seres humanos. Todos descendemos de un origen común, y todos nos debemos entre sí mucho.

Si uno se percata de a quién debemos nuestro estilo de vida, no le costará mucho darse cuenta de que todas las facilidades que tenemos ahora. Toda la vida que tenemos, se debe, no a los logros individuales de una persona concreta, o de un grupo de personas concretas nacidas en un lugar del mundo concreto. Casi todo lo que tenemos a nuestra disposición para nuestro llamado “estado del bienestar”, es el logro de la evolución humana. El logro del desarrollo de una raza común, que a través del trabajo en equipo, y la evolución “pasito a pasito”.

No hay un solo invento, no hay un solo paso que de la humanidad en ningún campo que no sea el logro de miles de años de evolución. Porque cualquier invento es la combinación creativa de una suma de conocimientos de la raza humana que ya se tienen, en muchos casos más allá del 99,9999%, más un pequeño ingrediente de genialidad aportado por una persona concreta, que es la que se suele llevar toda la fama.

Es ese arquitecto genial final, esa persona que combina la suma de esos conocimientos en un producto, aplicación o idea final la que se lleva el reconocimiento. Pero realmente no sólo le debemos a él ese reconocimiento, sino a todo el soporte de conocimiento que hay detrás para facilitar que ese invento pueda existir.

De esta manera puedes deducir que todo invento se debe a muchos inventos previos. Un coche sin motor no es viable. Un motor sin combustible no es tampoco posible. Un combustible sin un método de extracción tampoco es concebible, y así podemos seguir de manera infinita.

Si algo ha cambiado el siglo XXI en nuestra vida común es que, a diferencia de épocas previas, hemos pasado de un mundo en el que sólo unos pocos tenían acceso a ciertos conocimientos, y por tanto, sólo unos pocos podían evolucionar sobre el conocimiento global disponible, a un mundo donde el conocimiento es global. El conocimiento global y prácticamente gratuito es un logro épico. Un logro que iguala a todos los seres humanos en el acceso a ciertas informaciones que hasta ahora eran prácticamente de unos pocos.

Esta sociedad global también tiene un comercio global, donde casi cualquiera puede vender casi cualquier cosa a casi cualquier otra persona del planeta.

Hemos entrado en una era donde el mundo real va perdiendo fronteras, y este sólo es el principio de la historia. Es casi imposible predecir el futuro al detalle, pero no es difícil entender que la convergencia humana que va a proporcionar esta sociedad del conocimiento nos llevará, más pronto o más tarde, a una reorganización social, que nos llevará a emplear un único idioma, una única moneda, y dejará de entender de fronteras, aranceles y otro tipo de limitaciones que ahora ya son artificiales, más que otra cosa.

Muchas barreras que actualmente tenemos para tener un conocimiento global vienen de viejas inercias culturales que ahora son totalmente redundantes. Por ejemplo, que el conocimiento del mundo en ciertas áreas esté en uno u otro idioma es un problema universal. No todos los libros de conocimiento de ciertos campos están adaptados a otros idiomas, y no todas las mentes pensantes del mundo tienen acceso al conocimiento del idioma del campo que necesitan.

¿Y si el investigador médico que podría dar con la vacuna del SIDA no tuviera acceso a los documentos científicos publicados para empezar su investigación porque no entendiera inglés? Afortunadamente para la sociedad, el inglés ya es algo que todos, o casi todos los investigadores del planeta manejan. Y si queremos crecer como raza, deberíamos evolucionar hacia ese campo, hacia un campo donde los estudios científicos, técnicos y de divulgación se centren en un único idioma al que todo ser humano tenga acceso, tenga formación y conocimiento.

Y todo esto me lleva a mi a una conclusión, o más bien a una reflexión.

Llevamos años viendo ambiciones separatistas en España. Y al mismo tiempo ambiciones integradoras reclamando el “valor del país”. Vemos situaciones similares en Escocia, en Irlanda y en otros muchos lugares del mundo. Y yo me pregunto ¿tiene sentido hoy en día hablar de nacionalidades, independentismos, idiomas y fronteras?

No es el camino más lógico para que la raza humana crezca. Eso sí lo tengo claro. No es, tampoco, el camino más lógico para cumplir con nuestros objetivos éticos de igualdad entre todos los seres humanos.

Bajo mi punto de vista, no hay un ser humano mejor que otro ser humano atendiendo sólo a su lugar de nacimiento. Esto es ridículo. Y por eso, no entiendo cómo unos pretenden tener un tratamiento “mejor” que otros, simplemente por haber nacido en un lugar o en otro.

Para mí todos somos ciudadanos del mundo. Un único lugar, donde somos una única especie, en la que todos nos debemos mucho a todos. Una especie que, de querer crecer y evolucionar, debería dejar de buscar barreras artificiales, para empezar a cuidar todos unos de otros, sin atender a la distancia que les separe.

Las separaciones, las nacionalidades, los países, sirven para que unos pocos administren el destino de unos muchos, y en el proceso de “mandar” y ejercer su “mandato”, esos pocos puedan beneficiarse, económica y socialmente de la población en general. Son estos intereses de unos pocos concretos los que nos enfrentan, los que nos manipulan, y los que nos hacen, a mi modo de ver, discutir unos con otros cuando no tenemos razón alguna para hacerlo.

Claro que aplicar un “mundo global único”, con un idioma único, una economía única, donde todos tengamos los mismos derechos, las mismas oportunidades, el mismo acceso al crédito, es algo en cierto modo imposible de alcanzar, al menos tal cual estamos estructurados ahora mismo. Mucha gente con mucho poder debería echarse a un lado y aceptar que no ocuparían ningún lugar en este nuevo formato social, y eso no ocurrirá fácilmente.

También es cierto que, a buen seguro, una división territorial organizativa siempre será necesaria, para gestionar cosas como las infraestructuras, la logística, la educación o la salud. Pero estos organismos de gestión deben estar ahí para servir a la sociedad en cosas puramente lógicas. Deben ser administraciones útiles, basadas exclusivamente en cumplir con lo que los ciudadanos del mundo necesitan, velando por los intereses comunes, sin generar discusiones inútiles que enfrenten y generen tensiones.

¿Llegaremos a ver este mundo idílico? Dudo que mi generación o la de nuestros hijos lo vean. Pero también es cierto que la velocidad de la evolución humana y los cambios sociales van a un ritmo exponencial, por lo que, quién sabe, igual en 100 años no quede un único país independiente, y toda la sociedad pueda olvidarse de nacionalismos, guerras estúpidas e intereses personales convertidos en banderas de luchas entre regiones.

Y ojo, con esto no digo que nos olvidemos de nuestras raíces. Es obvio que, como sociedad, siempre nos interesará mantener la cultura de nuestros orígenes. La riqueza cultural de los idiomas, la historia de lo que ocurrió en un lejano pasado. Pero debe ser eso: cultura. La cultura y la historia pasada no pueden trasponerse a la realidad humana actual. Y esa realidad humana actual habla de un mundo que camina con paso firme e irremediable a una única sociedad global que no entiende de países y fronteras.

Tal vez el gran desafío de la raza humana para los próximos años, décadas y quién sabe si siglos, sea alcanzar esa sociedad ideal sin fronteras, y hacerlo sin guerras y sangre en el camino.

Coca Cola se ríe de nosotros a la cara

Quede claro que me gusta la Coca Cola. Quede claro que, de cuando en cuando (cada vez menos a menudo) me bebo una, a poder ser, con un chorrito de limón. No viene mal en esas jornadas largas de un rally cuando estás destrozado y el tiempo no te da para comer o reponer fuerzas como se debe. Su azúcar y su cafeína te cargan las pilas. Pero sí, aunque tengo un amigo que la bebe para comer, para cenar, y para todo, empleándola como sustituta natural del agua, la Coca Cola tiene tanto azúcar que a nadie en su sano juicio se le ocurriría tomarla de manera habitual.

Por eso mi (nueva) indignación. Coca Cola estrenó ya hace unas semanas una campaña televisiva “de valores”, en la que nos habla de la importancia de tener hábitos de vida saludables. Donde nos venden la moto de la importancia de “levantarse de la silla”, y no permanecer sentados, para evitar la obesidad que cada día puebla más nuestro mundo.

El anuncio, como ves, se cierra con un hombre sacando una Coca Cola de cristal de una máquina. No, no es Zero, ni light… Y se la bebe. El anuncio es bueno, reconozcámoslo. Tiene valores, y está bien ejecutado. Pero es un timo. Es un chiste.

Es como si “Panceta Pepe” hace un anuncio televisivo de lo bueno de la comida vegetariana, y este acaba con un “fulano” comiendo una loncha de panceta. O como si Martini hace un anuncio de lo bueno de vivir sin beber alcohol, mostrándonos reuniones de alcohólicos anónimos, y el anuncio acaba con un hombre bebiéndose un lingotazo. No tiene sentido, ¿verdad?

Pongamos cifras al chiste: Una lata de Coca Cola tiene 137 calorías. Si hacemos lo que dice el anuncio, levantarnos de una silla, gastamos tres calorías. Traducción: tenemos que levantarnos y sentarnos 47 veces para quemar las calorías de tomarnos una Coca Cola. Vale, el anuncio habla de no hacer vida sedentaria… supongamos que se refiere a correr, y no a sentarse y levantarse de sillas… Entonces, haciendo cálculos aproximativos, una persona de 80 kilos tendría que correr cerca de 50 minutos para quemarlas…

Me parece muy bien que se quiera dar conciencia social contra el sedentarismo. Pero que lo haga Coca Cola no tiene sentido… De verdad. De hecho, son las bebidas azucaradas y los refrescos uno de los principales factores que han contribuido a la obesidad reinante en la sociedad moderna. No sólo son parte del problema, sino que son parte principal del problema. Meternos un mensaje de vida saludable y asociarlo a su marca es reírse del consumidor. ¿No sería más lógico y positivo para la humanidad intentar rebajar las concentraciones calóricas de sus productos?

[Foto principal por http://www.directoalpaladar.com/]

El ladrón de ideas

Esta es la historia de un personaje que, de momento, dejaremos como anónimo, pero que me preocuparé de identificar más pronto que tarde, tan pronto sea seguro hacerlo.

Este personaje, que trabaja como alto directivo de una compañía, es el perfecto muestrario del “anti-directivo-competente”. En lugar de servir de “hombre que tira del carro”, dirigiendo sus recursos en favor de los intereses de su compañía, se dedica, en cambio, a buscar favorecer su propia carrera laboral, sus intereses, su bolsillo y a sus amistades, aunque esto claramente no concuerde con lo que le interesa a la compañía que le paga, que pierde oportunidades de manera constante desde que este “personaje” llegó a su cargo.

Mi quemazón con él ha alcanzado estos últimos meses niveles alarmantes. Tiempo atrás buenos amigos me avisaron que colaborar con esta persona era peligrosa, pues tenía fama de ser un “robador de ideas”. Ignoré sus recomendaciones en parte porque trabajar con él y presentarle ideas era una manera de crecer laboralmente. Pero resulta que su fama la tiene no sólo bien merecida, sino que hasta le queda pequeña, diría yo.

Hace algo más de un año le fui con un bonito proyecto de producto, desarrollado hasta detalles concisos de su método de comercialización y promoción. El proyecto triunfó en el seno de la compañía, y directivos de mayor rango, ya de alcance internacional, jadearon su desarrollo. Al final, por algunos líos que no viene al caso, se decidió parar el proyecto. 

Todo el desarrollo del mismo contó con mi ayuda, pero siempre canalizada a través de “el personaje”. Quién me iba a decir a mí que un año y pico después, hablando con el “jefe de jefes”, este me comentaría que “el personaje” había asegurado públicamente que la idea y los bocetos eran suyos, negando mi existencia.

Alucinante. Mi quemazón crecía por momentos. Pero podía llegar lejos.

El mismo personaje me pedía consejo hace unos meses para un evento, el cual le desarrollé al completo. Obviamente se lo presupuesté y le coloqué unas condiciones sobre la mesa.

La compañía hizo suyas mis ideas (y de hecho las pretenden usar), pero claro, ¿quién se lleva las medallas? Pues “el personaje”, que además ha decidido puentearme para intentar ejecutar las ideas sin mi colaboración, para ahorrarse mi coste como asesor y gestor.

Obviamente, gracias a Dios, todo lo que le propuse necesita de mi mediación para que salga adelante (mis contactos son mis amigos, y me saben cuidar bien), así que le quedará un evento descafeinado.

Y podría seguir así un buen rato, pues numerosas propuestas mías han sido adueñadas por este “señor” (por llamarle algo).

¿Lo peor? En el seno de la compañía mucha gente está hasta las narices de este señor. Pero inexplicablemente sigue en su cargo, anclado y agarrado con uñas y dientes, destrozando marcas, destrozando relaciones inter-empresariales, y destrozando empleados que tiene a su cargo y acaban rindiendo por debajo de sus capacidades.

Se creé más bueno de lo que es, y no duda en robar ideas de los demás para tratar de medrar en una carrera con mentiras. Diría que a todo cerdo le llega su San Martín, pero la realidad es que si este “personaje” sigue medrando, acabará haciendo todavía más daño a su empresa.

Y es que puede que las ventas le respalden meridianamente respecto a los objetivos marcados. Pero hay una clave en toda compañía: no mires lo que vendes, mira lo que has dejado de vender. Además de no estar sacando todo el partido posible al mercado, este señor está creando una base porosa sobre la que está edificando un modelo de crecimiento que no es sostenible a largo plazo. Las cosas hay que cimentarlas bien, hay que hacerlas con una buena base. Sin base, puedes crecer rápidamente, pero como no aportas nada a medio o largo plazo, estás hipotecando el futuro de la compañía. Claro que a él eso le da igual: él quiere medrar y largarse de su cargo actual, y el marrón ya quedará ahí para quien venga detrás.