Masa crítica de cuatro millones y medio

Mazda TAKERI to premiere at 2011 Tokyo Motor Show
Hace unos meses escuché a un responsable de VAG decir que todo fabricante que no alcanzara un volumen de masa crítica, desaparecería. ¿Pero qué quería decir con esto?
En una industria cada vez más optimizada al coste, con más avances tecnológicos por minuto y con más competencia, desarrollar nuevos productos y amortizar las inversiones resulta vital. Compartir plataformas, motorizaciones, líneas de produccion, tecnología… es vital para poder mantener este ritmo de desarrollo.
Y la aparición de la presión en cuanto a consumos, emisiones de CO2 y la progresiva electrificación del parque (con EV, híbridos y EVER) nos va a llevar a una variedad de coches como nunca antes hemos visto.
Así las cosas, los cálculos de muchos expertos dicen que un fabricante sin socios que se quede por debajo de 4,5 millones de coches anuales en 2015, tiene toda las papeletas de quebrar.
Si miras el panorama, lo cierto es que verás que la gran mayoría de las marcas pertenece o bien a un grupo muy grande que supera con creces esa cifra (VAG, GM, Ford, Renault-Nissan, Toyota), o busca con acuerdos puntuales el co-desarrollo de plataformas y motorizaciones para intentar alcanzar esos mínimos de producción de manera compartida y poder amortizar costes de desarrollo (caso de PSA con BMW, por ejemplo).
Grupos como Fiat han ido “a las rebajas”, comprando Chrysler en un momento óptimo para ganar esa masa crítica, y garantizarán así su volumen y subsistencia. Además, colonizar el mercado chino será otra de las bazas para llegar a esas cifras de ventas.
Crear desde cero un gran fabricante a día de hoy es poco menos que misión imposible, y por muy bueno que seas, o te asocias con uno de los grandes para compartir tecnología, red e inversiones, o lo llevas muy crudo (Tesla y Fisker serán dos buenos ejemplos, estando el primero ya unido a Daimler y a Toyota estratégicamente).
Y en todo este berenjenal aparece Mazda y dice que su objetivo para 2015 es hacer 3,7 millones de coches.
Mazda es la única compañía con buen estado financiero que ha hecho la jugada al revés. En vez de pasar a formar parte de un gran grupo automovilístico, ha salido de su asociación con Ford.
Aunque el Mazda2 sigue siendo un Ford Fiesta, para 2015 prácticamente ninguno de sus modelos compartirá ningún componente con ningún otro fabricante.
Y lo curioso es que Mazda, si todo sale bien, seguirá siendo rentable, aún no alcanzando esos 4,5 millones de unidades vendidas. 
¿Pero cómo? La jugada para ellos ha sido sacar la máxima eficiencia a sus proyectos posible. Para empezar, han buscado contar con su propia gama de motores modular. La idea es sencilla: diseñar un modelo de cilindro-culata extrapolable a varias cilindradas y potencias, y centrar sus recursos en dos o tres cilindradas en gasolina, y dos en diésel. Así se tiene una gama de motores lo suficientemente amplia para todos sus modelos, Wankel a parte.
En chasis van a hacer una jugada similar: el truco es usar una única plataforma, suficientemente modular como para permitir compartir muchos elementos (en algunos casos hasta el 80%) entre los coches de los distintos segmentos.
Obviamente, un chasis nunca está optimizado al máximo cuando está obligado a compartir componentes con coches más ligeros y pesados que uno mismo, pero aún así, Mazda logra lo imposible y construye sus propios chasis, subchasis y motores. De hecho pocas marcas (Honda entre ellas) logran esta proeza de mantenerse completamente independientes.
A medio plazo, pasado 2020, a Mazda no le quedará otra que meterse en el mundo eléctrico, sea con EV o con EV-ER, pero habrá aguantado como independiente el tirón fuerte que va a haber estos años, que puede salvarle la existencia.
Mazda hace grandes coches, divertidos de conducir, bien fabricados, y bonitos de ver. Tal vez fallen un poco en la inversión en comunicación, algo en lo que otras marcas como Audi, por ejemplo, les gana por goleada. Pero gracias a meter tantos recursos en ingeniería propia, sus productos son independientes y únicos, con valores propios. Coches auténticamente “made in Hiroshima”, y aunque no lleguen al limite inferior de esa masa crítica, parece que Mazda puede ser “la excepción”, junto con Honda, que confirme la regla.
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