El día en el que los franceses volvieron a hacer ¿buenos? coches





Coche bueno, coche malo, tremenda complejidad la de diferenciar entre ambos. En el mercado de hoy en día no hay coches malos… eso tenlo por seguro. No te vas a sentar en uno que digas “Dios, esto es malo de verdad”. Bueno, hay alguna excepción (todavía recuerdo mi prueba del PGO Cevennes automático…), pero por lo general, lo más que podemos decir los que nos dedicamos a esto de hablar de coches es “este es mejor que aquel” o “este es mejor producto para lo que cuesta”.


OK. En todo caso, hay hechos curiosos, y que salen de las pasiones y gustos más subjetivos. En mi caso, por ejemplo, hace una década alucinaba con lo mal que lo estaba haciendo Citroën si la comparaba con su recorrido histórico. Los Xsara o Xantia me parecían coches “sin ningún tipo de alma”, sin diseño, sin pasión, sin interés. Meros electrodomésticos de transporte, al más puro estilo Toyota.


Parece que Peugeot había mandado a Citroën atacar un segmento de mercado muy concreto, donde se venden coches en gran volumen, por razones como el precio, las promociones y las ofertas.


Mal del todo no le salía la jugada… cierto es.


Entre tanto, Peugeot tampoco estaba para tirar cohetes. Como orgulloso ex-propietario de un 206RC, puedo marcar ese modelo concreto como el “antes y el después” de la marca. El 307 era imperdonable (feo, alto, grande, pesado, aburrido de conducir)… Su restyling fue todavía a peor, con un morro incomprensible, y el 308 metió más si cabe, el dedo en la llaga del mal diseño.


El 207 se pasó de esteroides. El concepto sencillo y deportivo-felino del 206 se llevó a un nivel ciertamente “tunero” diría yo, y no funcionaba bien…


Y entre tanto, Volkswagen haciendo coches sosos, y Audi más de lo mismo, vendiendo sin problemas. Fiat sacaba también el Punto con atractivo, y tras el desastroso (en toda forma de medida) Stilo, lanzaba un Bravo bonito, eficiente, y sí, un desastre de ventas… porque no se vende, ni se va a vender… Pero esa es harina de otro costal.


Los franceses parecían haber perdido el norte (una extraña enfermedad contagiada del Velsatis, Megane, Avantime de Renault tal vez?). Pero entonces todo cambió.


Parece que alguien en PSA tuvo una “visión”. ¿Y si cuidamos a Citroën como se merece, y hacemos una jugada de dos estrategias?


En una copia de la fórmula de éxito de Nissan, Citroën dividió esfuerzos en dos vertientes: “los coches que molan, y los que no (y se venden por precio)”.


Esta jugada implicaba sacar auténticos coches estéticamente desafiantes, atractivos, y sobre todo y ante todo, con unos interiores a la altura de lo mejor de cada segmento. Y al mismo tiempo apostar por otra línea de producto sosa al extremo.


Se han lanzado desde entonces los DS3, DS4, DS5, las variantes Racing de DS3 y DS4, el concept Metrópolis que acabará siendo el DS6 (o como quiera llamarse), un C5 increíble por dentro, y bueno, atractivo por fuera. Pero también se ha lanzado un sospechosamente soso C3, un C4 mucho menos arriesgado que el anterior… Y sí, estos coches son los que va a vender a volumen. Con unos juega a vender pocos y sacar mucho de cada. Con los otros juega a vender muchos, y sacar poco en cada uno.


Entre tanto, Peugeot presentó su RCZ, y nos dejó atónitos, con un interior en cuero alucinante, y el mejor diseño “estilo 308” que íbamos a ver. Después de él, cambio radical en la línea de diseño, y llegaron los atractivos 508 y 208, y el inminente y apasionante 208 GTI.





Los 508, 208 GTI, DS4 Racing, DS5 o DS3 Racing son coches que tienen valor intangible añadido. Vayan como vayan (y aquí no me voy a meter hoy), son coches que cuando los ves despiertan tu pasión, tu intención de comprar uno. Te sientas dentro en el concesionario, y dices “coño, que buen interior, puede que me lo compre”.


Porque no lo olvides: cuando la gente va al concesionario se sienta dentro de los coches, y aquí cuenta mucho que el interior sea de calidad, con aspecto “de coche caro” si lo quieres vender (SEAT, aprende, por favor).


Luego en carretera irán como quieran ir, pero eso es algo que al 99% de los compradores les da igual. De hecho, son incapaces de diferenciar la posición del motor, el tipo de tracción, o el tipo de suspensión trasera, así que… qué más da… (a mi no me da igual, pero eso tampoco es el punto de este post).


Y entre tanto… Audi nos “sorprende” y saca su A3. Un coche que puede ser la mejor maravilla tecnológica de la historia de los compactos, combinando acero y aluminio, un sistema telemático que es mejor que la estación de trabajo de sus propios ingenieros, y una calidad de acabado interior que roza la de un Rolls Royce. Sí, lo que quieran. Pero lo ves por fuera y es SOSO, aburrido, predecible, “sinsustancia”. Aburre, y aburre también por dentro.


Mira un DS4 Racing y mira un A3 TDi 105 caballos a igualdad de equipamiento dentro de ocho meses (cuando los dos estén a la venta, claro), y verás que cuestan lo mismo. Mientras el coche del doble chevrón te emociona, y es un aparato de los que te causa sonrisa, el Audi es un… Audi… Y no, no es exclusivo, no es especial, y no tiene nada que te apasione.


Efectivamente, puede que el coche vaya mejor que el de PSA, pero para el 99% de los conductores eso va a dar igual (más porque muchos comprarán su Audi con el kit S-Line y unas llantas de 20 pulgadas “porque quedan guay” arruinando por el camino el confort de pisada y su bolsillo cuando toque cambiar ruedas).


Pasarán cinco o seis años y esta gente cambiará de coche… Y sí, el dueño del Citroën habrá sacado menos pasta por él (pero también habrá pagado menos en su mantenimiento), pero a cambio, durante un tiempo les habrá gustado.


Porque como elemento de moda puede que el A3 sea menos “perecedero”, pero la gente que se lo compra nuevo tiene rotación de coche en su garaje cada cinco o seis años…


Habrá que ver qué hace Volkswagen con su Golf, o Fiat con su Punto, pero tanto el 208 como el DS4 y DS5 pueden hacer daño. El 208 en especial, con un acabado interior como nunca se ha visto en el utilitario de Peugeot, y con una dinámica que, aseguran, irá como en el viejo 205. ¿Por qué gastarte dinero en un Polo o en un A1 cuando puedes comprarte un 208 GTi?


Vale, lo obvio y evidente está ahí: la fama de la baja calidad de los coches de PSA o su baja fiabilidad… pero créeme, no debería ser un factor tan importante: raro es que salga un coche malo, y aunque tal vez se te queme un motor de elevalunas una vez, o el parabrisas delantero esté mal sellado al principio y te lo revisen en garantía, por todo lo demás, por qué no comprar el Peugeot?


Es más… ¿por qué comprar un aburrido Yaris o Auris en lugar de algo con más diseño y un interior millones de años por delante en cultura por el diseño?


En fin… tienes razón: Por la marca… Porque el que compra un Audi dice que tiene un Audi como identificación de estatus. Es como llevar un bolso de Prada o un cinturón Luis Vuiton: sí, cumple como bolso o cinturón igual que cualquier otro sin marca, pero te da aire chic… Con la diferencia de que además, en el caso del Audi, te ofrece algunas pijadas más de valor añadido (que no tienen nada que ver con la experiencia de conducción, ojo): como los sistemas telemáticos, la ayuda a la conducción o el navegador táctil MMI con Google Maps.


Pero es que esto es como todas esas historias típicas de valores intangibles. Puedo ir a una fiesta y decir que tengo un Porsche y ser considerado como un tipo genial (aunque sea un 924 comprado de 15 mano y funcionando a tres cilindros), o decir que tengo un Citroën y perder estatus…


A los productos hay que valorarlo por el producto que son, y las ventajas que te da en tu vida diaria, sean estas de tipo emocional y pasional (disfrute de conducción), o de tipo práctico (confort, bajo consumo, gran espacio), y no por el logotipo que las adorna. Aunque tal vez me esté olvidando que el logotipo te da una gran ventaja: imagen personal para conseguir disfrazar tus carencias personales, escondiéndolas detrás del logo de una gran marca. Porque recuerda, no eres mejor persona, no vales más, por tener un Audi o un BMW, o un Mercedes…

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