Los pilotos geniales se adaptan a cualquier coche


¿Por qué cargar las tintas contra Felipe Massa? ¿por qué pedir su despido? Y lo que es más importante, ¿por qué pedir que Checo Perez se tome todavía un tiempo antes de saltar al asiento del Ferrari?

Recuerdo hace un par de años, cuando Felipe tuvo su accidente, y fue sustituido por Fisichella durante unas carreras. El italiano no sólo no fue capaz de brillar, sino que completó un final de temporada peor del que habría conseguido con Force India aquel año.

La explicación era sencilla: el Ferrari de aquella temporada comenzaba a mostrar lo que ahora caracteriza a los coches de la escudería post-Brawn/Todt/Byrne, coches que son extremadamente complicados de pilotar y poner a punto.

Los pilotos muy buenos son capaces de correr con coches difíciles y sacarles el 100% del rendimiento. Independientemente de lo bueno o malo que sea el coche. Independientemente de si es subvirador, sobrevirador, vibra, tiene mal paso por curva lenta, o destroza neumáticos, los pilotos “superclase” son capaces de sacar lo mejor del material que tienen, y conseguir resultados que parecen milagrosos, pero que si se mira sobre el papel son “el máximo posible del aparato disponible”.

Tenemos ejemplos de este tipo en pilotos como Schumacher, Alonso, Senna, Clark, Fangio, Moss… En cambio, hay otro tipo de pilotos, capaces de ir tan rápido como cualquier otro, pero sólo capaces de correr con un coche fácilmente comprensible. Pilotos como Coulthard, Villeneuve, Massa… sólo son capaces de manejar la situación cuando la máquina está en sintonía con sus deseos de estilo de conducción. En cuanto el coche se sale de esa “ventana”, entran en una situación de bloqueo, por la que apenas son capaces de sacar el 60% del rendimiento teórico del coche.

¿Por qué? Porque sólo saben conducir “de una manera”. La adaptación a la máquina es algo tan importante como la adaptación de la máquina al piloto. Un piloto ganador de carreras puede ser del segundo tipo, pero un campeón del mundo en potencia, destinado a dejar una marca en la historia de la F1 (o de cualquier otra competición del automovilismo) necesita plasticidad en su estilo de conducción.

Circunnavegar los problemas, como en la vida real, es la clave para el éxito. Saber aprovechar lo que tienes, saber adaptarte a la situación, y no hundirte moralmente resulta clave para poder triunfar. Y eso es lo que está pasando estos últimos tiempos en Ferrari. Alonso es bueno, muy bueno. Y Massa no es que sea “tan malo”. Es que no es un “superclase”. Su estilo es uno, y su moral además está muy asociada a su rendimiento. Cuando el coche va bien, Massa puede mojar la oreja en tiempos a Alonso. Da por seguro que si tuvieran un coche tan rápido y “sencillo” como el McLaren actual, la diferencia entre ambos sería mínima. Pero cuando las cosas se complican, es cuando Massa se hunde. Y claro, cada carrera en la que su compañero de equipo le pasa la mano por la cara, el brasileño se hunde más todavía.

Llegado a un punto, tal caída de moral le va a impedir salir adelante, llegando a un punto de no retorno, del que no podrá recuperarse.

En Maranello lo saben, y su sustituto está elegido ya.  Ahora el error de Perez sería cambiarse demasiado rápido. El Sauber de este año parece un coche bien parido, que cuida bien las ruedas, tiene un rendimiento decente y no es complicado.

Es mejor para Sergio quedarse este año y brillar. Acumular puntos de “respaldo”, y buenas actuaciones con un coche “a priori” inferior al Ferrari (en pista está claro que no lo es), en lugar de plantearse sustituir a Massa. Porque puede ser que se vaya  Ferrari y se encuentre en un equipo en el que no funciona el coche, y donde sólo podrá perder brillo ante un Alonso tremendamente arropado.

El salto a la escuadra roja ha de ser para la próxima temporada, pero ya “delineado” desde este mismo verano. Si juega bien sus cartas se hará con un buen contrato. La clave luego será ver el coche que los de la escudería son capaces de hacer, y hasta que punto puede hacer “bloque” alrededor suya para no ser condenado a hacer de Barrichello.

Entre tanto, Montezemolo debería pensar en contratar urgentemente talento. No para sentar tras el volante, sino detrás de los ordenadores de I+D. Se necesita una cabeza pensante de primera categoría, un organizador que sepa administrar recursos como nadie. Se necesita un jefe de ingeniería visionario, capaz de  imaginar los coches ganadores. Y se necesita alguien en el muro que sea capaz de gestionar bien las estrategias. Igual este tercer pilar es el que mejor colocado tienen ahora mismo.

Debería perder menos tiempo en intentar negociar un acuerdo de la concordia que les de cientos de millones de euros, y más en plantearse una reestructuración interna que importe talento del extranjero. Mal que le pene por el nacionalismo intrínseco de una escudería como Ferrari, que quiere tener ingenieros italianos a toda costa.

Porque el talento no se forma ni se adquiere. Los genios nacen, y por más que hayan intentado la fórmula de formarlos rodeando a Brawn y compañía en su momento por los que ahora mandan, está claro que no ha sido suficiente.

Porque Ferrari no es una escudería que históricamente haya dominado, fuera de sus épocas de Lauda y Schumi, donde se trabajó la técnica y el coche tanto como el apartado de pilotos.

Puestos a soñar, ¿un cheque en blanco a Newey sería tan caro? Complicado seguro que es, porque Adrian ya no hace las cosas por dinero…
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