El día en el que Mapfre se rió de mí

Se cumplen unos añitos ya de esta historia, diez nada menos, pero me la he ido guardando poco a poco, hasta tener suficiente “eco” como para contarla confortablemente desde la perspectiva y la experiencia que da el tiempo.

Era yo por entonces un novato de carnet de conducir, con mis 18 años, rozando los 19. Conducía desde los 13 (ahora mismo, a mi padre, por enseñarme a conducir a esas edades en un polígono industrial vacío le podría costar un buen varapalo legal), y ya andaba metido en el maravilloso mundo de los rallysprints.

No sabía conducir como ahora, eso está claro, pero me consideraba una persona sensata y prudente. Trabajaba, estudiaba a la vez ingeniería, y amaba los coches, como desde siempre.

Para elegir mi primer coche a comprar me lo tomé con tiempo, y con un presupuesto muy, muy bajo. De pronto surgió una oportunidad. Un compraventa catalán de coches usados tenía un Nissan 300ZX sobrealimentado, y me enteraba de ello a través de uno de sus vendedores, asiduo como yo por entonces de las noches de Piel de Toro, tanto en el chat como en el foro (echo de menos aquellos tiempos de chat sobre coches clásicos, con partidas de trivial sobre cosas tan insustanciales como la cilindrada exacta de un Autobianchi A112 Abarth).

El coche estaba dentro de lo que podía permitirme, y sólo faltaba buscarle un seguro con un precio “digno y decente” para hacerme con él. Ya antes de ir al primer corredor de seguros sabía que iba a ser o extremadamente caro, o imposible asegurar el coche a mi nombre “en condiciones normales”. A mi padre decidí desde el principio no meterlo en la movida. Al final, esa historia de estar de segundo conductor en mi propio coche, cuando sólo lo voy a usar yo me parecía poco ético, amén de que no me contabilizaba luego como años de experiencia al volante.

Acudí a varias aseguradoras. Algunas amablemente me dijeron que no me podían asegurar por la relación peso potencia, otras por la edad. En cada una de ellas, de cara a poder ir al consorcio de compensación de seguros, le pedí una carta explicativa donde se confirmaba que yo “no era asegurable” por su compañía.

Necesitaba tres papelotes de estos, y ya los tenía. Pero mi padre, asegurado desde hacía tiempo con Mapfre, me dijo que no me olvidara de ir a esta aseguradora. Total, por pasarme no perdía nada, ¿o sí?

Allí fui yo, con mi ilusión y una fotocopia de la ficha técnica del coche. En la sucursal de Logroño de la aseguradora me recibía una señora de cuyo nombre no me acuerdo (es una pena no haber guardado la tarjeta). Esta señora comenzó por mirarme de arriba a abajo, y decirme sin reparo “¿pero a dónde vas tu con un coche así? si no vas a saber ni conducirlo”.

Vale, no es manera de tratar a un cliente, ¿verdad? Pero la cosa podía “mejorar”. Yo no contesté, y me limité a decirle que me ofreciera un presupuesto. Ella, airosa, me dijo que jamás me asegurarían con ese coche, ni ella, ni ninguna compañía, y que no le hiciera perder el tiempo, mientras soltaba una carcajada de superioridad.

“Vale, no me aseguráis” dije yo “entonces, por favor, ¿puedes ponérmelo por escrito?”

Ella, que no sabía muy bien lo que estaba haciendo, se sobre entiende, volvió a demostrar sus pocas ganas de trabajar, y sus aires de superioridad “¿pero tú que te crees? ¿para que te vayas al consorcio? pues ahora mismo te doy un presupuesto”.

Veinte segundos después me dio un folio donde ponía “seguro a terceros con robo, incendio y lunas 6.500€”.

“¿6.500€?” dije yo

“Sí, ¿no querías un presupuesto?”

“Habéis perdido un cliente de por vida”

Vale, podrás pensar, amigo lector mío, que la señora de Mapfre actuó desde su derecho. Me aseguraba, al precio que le diera la real gana, algo que es lícito. Pero yo me fui de allí, como cualquier otro, con cara de “se están riendo de mí a la cara”.

Desde aquel día decidí no contratar jamás un solo producto relacionado directa o indirectamente con Mapfre, y contar esta historia a todos mis amigos, conocidos, y ahora lectores y seguidores, para ponerla en conocimiento.

He oído muchas cosas de Mapfre, todas malas por regla general, pero bueno, claro, normalmente todo lo que escuchas de aseguradoras es como lo que escuchas de operadoras de móviles: quejas, problemas, te dejan tirado…

Yo sí que sé que desde aquel día he asegurado más de 12 coches, y he llegado a mi nivel actual de 110.000 kilómetros recorridos de manera anual. No he tenido ni un solo parte de accidente (gracias a Dios, y que siga así, si puede ser), y todas las multas de tráfico que he recibido en esos 10 años se reducen a una por circular a 140 km/h por una autovía (50€, gracias al pronto pago).

Puede que mi dinero resulte insignificante para Mapfre. A fin de cuentas sólo soy un individuo. Pero cuando eres una compañía que has de diferenciarte por el trato al cliente final, ya que eres más cara que las demás, se supone que no debes tratar así a tus clientes potenciales, sean clientes a corto plazo, o a medio plazo.

En mi caso, amigo lector, ahora que mi voz suena un poco más fuerte gracias a mi condición de editor y probador en varias publicaciones del motor, quería dejarte esta historia real. Puede que te haya ocurrido algo similar, o te esté por ocurrir, pero tal vez con la fuerza de este mensaje, la próxima vez los comerciales tengan más en cuenta que no se puede reír uno de una persona de 18 o 20 años, simplemente por su edad o situación. Porque como una vez me dijo un comercial de Porsche “los chavales de 22 años que hoy babean el cristal del expositor tal vez sean dentro de 20 años ejecutivos de éxito que me comprarán un 911”.

Como en todo negocio, seguramente si hubiera hablado con otro asesor de la compañía, este me hubiera tratado mejor, y no me habría llevado tan mal sabor de boca. De hecho, varias veces en el Salón del Automóvil de Barcelona, gente de Mapfre me ha entrado durante el día de prensa para intentar “captarme como cliente”. Siempre cuento esta historia, y me intentan “pedir disculpas para ganar mi afecto”.

Vale, puede que sólo esa comercial sea una mala comercial para la empresa. Pero al final, la sensación que te queda de una marca, de un producto, es la que te transmite la persona que sirve de interlocutora cuando le estás adquiriendo algo. Y esa persona en ese preciso instante se convierte en toda la compañía. Si te trata mal, será la compañía la que te trate mal.

Esa es la historia que te quería contar hoy. Por cierto, acabé comprando el coche, asegurado con el respaldo de los cuatro rechazos previos de otras aseguradoras, con la ayuda del consorcio de seguros.
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3 thoughts on “El día en el que Mapfre se rió de mí

  1. Remarcar la importancia del penúltimo párrafo.A mi me pasa algo similar, salvo que con Mapfre es donde "menos mal" estoy. Mi padre es cliente de la compañía con varios productos desde hace más de 30 años, aunque los dos últimos coches que hemos ido a asegurar han acabado en otra compañía (el de mi hermana acabó en Mapfre después).Lo que si es cierto es que responden bien, y nunca hay un problema para pagar (por parte de ellos) ahora bien, son poco detallistas. Hace unos 6 meses mi padre se compró un coche nuevo, y yo heredé el viejo (tengo 19 años). Fue a asegurar el nuevo a Mapfre y comparado con la otra compañía, a igualdad de coberturas, había una diferencia de 300 euros. Es evidente que el coche no está asegurado en Mapfre.Este día 22 me tocaba renovar el seguro del coche heredado, y le dije a mi padre que mirase en otras compañías (yo como conductor ocasional) y en algunas el precio llegaba a superar los 1000 euros. El caso es que no hay nada más barato, ni donde asegurar el coche nuevo es 300 euros más barato, era sustancialmente más caro.El otro día llamó una chica de la correduría de Mapfre para decirle a mi padre que por su seguridad le regalaban un tratamiento especial para el limpiaparabrisas en un taller de mi ciudad. (vamos, un poco de rain-X digo yo…) Y sincermaente, nos pareció una ofensa. Ya le dijo mi padre que lo que tenian que hacer era cuidar a los clientes, con cosas como no subir los seguros todos los años cuando mucha gente lleva sin subida salarial varios años. También mostraron interés en recuperar el coche nuevo, pero ya saben que lo que tienen que hacer es igualar o mejorar la oferta que hace unos meses no quisieron igualar. Mi padre les pidió que se portasen un poco en lo económico, pero al dia siguiente en su e-mail solo estaba lo del tratamiento del parabrisas.Desde luego que así no irán fidelizando clientes, no…De todos modos, en todas las casas se cuecen habas!Pd: Y perdón por la chapa

  2. Citroen saxo vts90cv-precio año 2002 4000 euracos. seguro mafre-precio 2800 euracos terceros pelado. menos mal que eran 90 burros.

  3. Como bien dices, Guille. La mayoría de las veces (más mal que bien), la gente califica a una empresa, por la calidad de atención y servicio que se recibe por parte de los empleados de la misma. Y considero que la calificación debería ser, también por otros aspectos; ya que en el caso de esa desagradable experiencia que tuviste con MAPFRE, el 100% de la mala atención fue por parte de la asesora que te atendió, la cual carecía de visión y profesionalismo. Y si no reportamos dichos incidentes, con algún superior del mal empleado; La Empresa no se entera del problema, y no podrá hacer algo para solucionarlo 😦 No así en los casos que aunque uno realice la queja, es como si hablaras con la pared 🙂

    En el caso (por ejemplo) de la mejoras que ha tenido Autoblog en Español. Yo no se los adjudico al 100% a los de AOL. Aunque ciertamente tienen un porcentaje de ello; por haber tenido la buena idea de poner a un líder con amor por lo que hace, y buena visión. El mayor responsable por los aciertos (y en caso de haberlas equivocaciones), seria en este caso el Director 😉

    Por lo que, Amigo, te encargo no tomarte muy personal las incompetencias y/o descuidos que alguna gente ha tenido, tiene y tendrá a lo largo de la vida. Porque siempre son incompetencias y/o descuidos, que no son a manera personal hacia nuestra persona. Simplemente son humanos con, quien sabe que problemas en su vida. Y como bien dicen: Que Dios los ayude; y a nosotros, no nos desampare!

    Saludos desde México!

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