Wibbi, porque somos idiotas y ya no sabemos entrar a una chica

Los animales llevan (llevamos) decenas, cientos de miles de años orquestando danzas de cortejo de lo más variopintas.

El homo sapiens, lo que somos tú y yo, hemos tenido que ingeniárnoslas para bregar con un cortejo mucho más complicado que el que nuestros antepasados tenían que ofertar.

Cualquiera que haya sido un maestro (o lo haya intentado) del arte “del cortejo” sabe lo que representa… Ese momento en un club en el que intercambias miradas con la persona “objetivo”. Ese subidón de adrenalina que se produce. Se acelera el ritmo cardiaco, trazas un plan mental de cómo entrar a esa persona. Te acercas, titubeas, sueltas algo, cruzas miradas, sonrisas, tal vez un chiste, tonteas, tal vez se alargue la conversación. Tal vez sea tu día de suerte… Tal vez acabes de conocer a la chica de tu vida (o chico… que esto es genérico).

Pero ese arte de “entrar” a personas en un club, en un bar, en un pub, a veces aunque ya las conozcas de pasada porque alguien te las ha presentado, genera una “selección natural forzosa”. Hay una serie de personas incapaces de, en sus plenas facultades (borracheras al margen) son incapaces de acercarse a “su objetivo” y ser “ellos mismos”. El miedo al rechazo, el miedo a que le hagan quedar mal, el miedo a uno mismo, les coarta, les cohíbe, y les elimina como potenciales “cazadores” válidos en esa guerra en la que se convierten las fiestas nocturnas. ¿Quién no conoce a alguien así? (de hecho, quién no conoce a muchos, o incluso, tal vez algunos de vosotros seáis así).

Mi política siempre ha sido la misma: Si solo estás, como mucho, sólo te quedarás… (vale, con tus amigos, pero solo en el “otro sentido”), pero eso no siempre ha convencido a mis amigos de que “atacar” es siempre la mejor opción…

Para esa serie de cortados, el hijo de José María Aznar se ha metido en un negocio que me parece una buena idea, al tiempo que una idea estúpida. Se llama Webbi, y, según leo en el Huffington Post, lo que busca es que hagas “check-in” en un bar, club, pub… como con FourSquare, y a partir de ese momento puedas chatear con cualquier persona que esté en el mismo local… Vamos, para que la verguenza y los miedos se queden a un lado, y puedas entablar el primer contacto de manera digital antes de invitar a una copa en la barra del bar. Una suerte de mezcla entre Meetic, Badoo y el “entrar en vivo y en directo” de toda la vida.

Sin duda, esto ayudará a muchos, pero nos convertirá en un poco más gilipollas de lo que ya somos, todo el día pegados al puñetero teléfono. Se acabaron las miradas cómplices, se acabaron las sonrisas, los cruces “esporádicos”, se acabó la adrenalina y la atracción magnética. Bienvenido, programa estúpido para que entrar sea más fácil para todos.

Reitero, yo soy de los que siempre quieren animar a la integración de todo lo que tenga que ver con tecnología con nuestras vidas, siempre que esa integración sea para la mejora de nuestras vidas. Veo en Wibbi un gran potencial para ayudar a gente que, a veces por cortada, se queda en una esquina del club sin saber muy bien que hacer, o coarta a sus amigos a “no pillar cacho” por no querer afrontar la misma situación… Pero el problema es que, como suele pasar cuando las cosas se generalizan y masifican, todo se igualará a la baja: Con Wibbi, si tiene éxito (apuesto que sí lo tendrá), conocer a la gente en un bar será tan sencillo que perderá ese “halo” especial. Perderá esa discriminación natural entre los valientes y los que no lo son tanto. Entre los que tienen buena labia y los que no. Y cuando se democratiza algo como esto, al final acabaremos viendo, si la aplicación tiene éxito, muchas más interacciones (mucha más gente interconectando en cualquier local), pero de esa misma facilidad de interconexión se perderá parte de “lo especial”.

Porque cuando “es tan fácil todo”, deja de ser especial… Como decía hace no tanto a un amigo: “sitios como tal club, donde es tan fácil ligar, hacen que la gente evite tener relaciones serias, porque se acostumbran a conocer a gente nueva cada fin de semana”. Suma a esto el dichoso Webbi y factoriza una ciudad grande (una Barcelona, por ejemplo), y… en fin, el resto te lo puedes imaginar.

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